jueves, 23 de abril de 2009

Especiales: Del salón a la oficina: Iniciando una nueva etapa del camino

Por: Laura M. Romero Tinoco
Practicante
Ciencia Política y Relaciones Internacionales
Universidad Tecnológica de Bolívar


El inicio de la vida laboral marca, indiscutiblemente, el comienzo de una nueva etapa o ciclo en el proceso de la construcción del proyecto de vida del individuo.
Cambiar el salón de clases por la oficina impacta simultáneamente dos áreas del desarrollo individual que tengo a bien catalogar como básicas en el afán de dar forma al proyecto de vida que con frecuencia solemos trazarnos para así alcanzar metas y propósitos que contribuyan con nuestro crecimiento.
La primera de ellas es la que tiene que ver con el desarrollo laboral. Esto es muy importante, pues permite confrontarse, ya en la práctica, sobre lo que se aprendió en los años de estudio, eso sin decir que es un buen termómetro para identificar los temas y actividades con los que más nos sentimos satisfechos trabajando, lo que más nos motiva, lo que nos apasiona y por los que sacrificamos la hora del almuerzo.
En verdad es gratificante la sensación de estar haciendo las cosas bien. De recibir buenas comentarios respecto a tu trabajo, a tu formación y a tu desempeño, pero sobre todo, satisface la oportunidad de seguir aprendiendo.
La segunda de las áreas es la relacionada con el desarrollo personal. Con el individuo per se. El pasar de los salones de clase a las oficinas, recibir un sueldo (o un subsidio), el manejar tus horarios, despierta en el individuo la necesidad y la sensación de independencia, de estar creciendo física y profesionalmente. No se trata de sentirse autosuficientes, ni que esto sea motivo para el incumplimiento de las normas generales que debemos cumplir como miembros de un núcleo familiar establecido, pero indiscutiblemente te hace sentir a ti mucho más responsable de tus compromisos, proyectos y necesidades y ese sentimiento irremediablemente se trasmite a las personas que te vea a diario y que son testigos de tu proceso de crecimiento. En suma, te hace sentirte más responsable de ti mismo y de tu futuro.
Si bien este es el inicio de una larga etapa, debo decir que el semestre de prácticas profesionales es una experiencia enriquecedora, que configura el primer contacto con el mundo laboral y que ofrece la oportunidad real de aplicar lo aprendido y tener una proyección profesional.

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